La carrera en perspectiva
La sensación inmediata al terminar fue la de una carrera durísima. Con el paso de las horas, esa lectura cambió: no fue solo una carrera difícil, fue una carrera difícil bien resuelta. Pablo completó IM Texas 2026 en 11:31:38 y, con eso, logró el objetivo principal del día: mejorar el tiempo de su debut. Lo más valioso es que esa mejora no llegó desde la épica, sino desde el control. Hubo una modulación fina del esfuerzo físico, una gestión emocional madura y una capacidad real de sacar el ego de la bici y ordenar la mente en el trote. El resultado final deja una conclusión doble: objetivo cumplido y margen abierto. Cuando una carrera exigente termina con esa sensación, lo que aparece no es solo satisfacción; aparece también la certeza de que todavía se puede seguir construyendo.
Qué salió bien
La carrera se empezó a ejecutar mucho antes de la largada. La base médica vigente, la confianza coach-deportista y la decisión de respetar el proceso sin negociar cada detalle fueron parte del rendimiento. En la natación, Pablo llegó con tranquilidad gracias al trabajo específico en aguas abiertas durante el verano y fue capaz de disfrutar un segmento que históricamente sentía más frágil. En la bici, la jornada se sostuvo con conservadurismo real: números controlados, sensaciones limpias y cero interés en perseguir ritmos que hipotecaran el maratón. En la T2, incluso en medio del apuro por capitalizar minutos ganados, hubo espacio para frenar, agradecer y usar ese momento como inyección anímica. Y en el trote apareció probablemente la mejor señal del día: ejecutar muy cerca del plan, encontrar anclajes mentales concretos y transformar el apoyo de Javiera en una herramienta táctica para cerrar bien la carrera.
Qué nos limitó
Las limitantes no cambiaron el resultado, pero sí explican por qué la carrera se sintió más dura de lo que el crono final podría sugerir. En la natación, el uso de lentes polarizados jugó en contra en una largada nublada y todavía oscura, dificultando la búsqueda de referencias y obligando a un inicio menos limpio. La ausencia de wetsuit probablemente quitó una ayuda que habría ordenado un poco más ese segmento, aunque el tiempo final mejoró igual respecto del debut. En la bici, la caída temprana de una botella con 90 gramos de carbohidratos pudo haber sido un problema mayor, pero el setup y el cálculo previo alcanzaron para neutralizarlo. En el trote, el clima, los falsos planos y el viento endurecieron un bloque que ya venía cargado. No fueron errores estructurales: fueron pequeñas fricciones que exigieron más gestión para sostener el plan.
La carrera por dentro
Inicio
La diferencia con el debut empezó antes del primer brazazo. Pablo llegó inmensamente más tranquilo, al punto de poder escuchar y disfrutar el discurso previo a la largada, algo que en Kalmar ni siquiera registró. Esa calma no se desarmó al entrar al agua: se afianzó y se transformó en confianza. En pruebas largas, ese tipo de inicio no es solo una sensación agradable; es una ventaja competitiva.
Desarrollo
La carrera avanzó como un checklist mental. Un gel antes del nado. Otro en la T1. En la bici, tres bloques de potencia aprendidos de memoria y una estrategia nutricional cerrada al detalle: una botella por hora con 90 gramos de carbohidratos, compensación inmediata cuando se cayó una de ellas, y bolsa de personal needs lista para sostener el objetivo sin improvisaciones. En la T2, calma operacional: agua, baño, cambio de calcetines, flexible y salida. En el trote, el mismo patrón: sostenerse cerca de 6'/km, un flexible por giro, agua en abastecimientos, un gel a mitad de vuelta y cambio de flexible al inicio de cada giro con apoyo externo perfectamente integrado. La sensación dominante no fue el caos, sino orden.
"Cumplí el objetivo de mejorar mi tiempo del debut a pesar de la sensación de una carrera difícil al terminar."
Pablo Pérez · IM Texas 2026Cierre
El cierre estuvo marcado por la lucha mental más que por la crisis fisiológica pura. Pablo sabía que seguía dentro del plan, que el ritmo era el correcto y que incluso la frecuencia cardíaca iba bajando. Pero ahí apareció otra tensión: la adrenalina, la ansiedad por terminar y el apuro por cerrar cuanto antes. Los últimos 200 metros trajeron ganas de vomitar, una pequeña detención antes de la meta y una sensación de debilidad marcada al terminar. El cierre no fue desordenado, pero sí dejó una pregunta abierta: cómo optimizar mejor ese último bloque para que el cuerpo llegue igual de bien, pero la percepción final sea más limpia.